Lo de Almodóvar es purísimo teatro: la artificialidad dinámica al servicio del lenguaje cinematográfico. Parece el nombre de una asignatura de una escuela pija de cine. Pero tiene su sentido, creo...

¿Alguna vez han visto una imagen y han exclamado: "¡Qué bonita fotografía!"? Creo que no, que es algo que sólo ocurre en los manuales dogmáticos de McKee; pero ustedes me entienden: una secuencia, un plano, puede tener un valor estético que le proporciona un puesto seguro en nuestra memoria visual. Y no tienen que ser necesariamente paisajes en technicolor ni travellings extra-largos con música de The Crystals...

Veamos el cartel de Volver.

¿Y bien? Una mujer en primer plano con una flor en la cabeza. En el carrete de fotos de la Feria de Abril tengo dos o tres fotos iguales. Pero no se parecen. Sin embargo la imagen de Almodóvar... tiene algo: la saturación del color, el maquillaje de Penélope, el estampado de flores etc. Todos estos elementos, aparantemente vacuos, dan a la imagen una textura única: valor estético. Queda bien. Mola.

En mis inicios siempre creí que la dirección artística era importante en el cine. Poco tiempo después pensé que era secundario y ahora vuelvo a mis inicios. Cuando yo trabajaba en Hollywood, allá por los años 50, la ambientación de las películas era, en general, pobre. Sólo el cine negro o el de serie B (normalmente de ciencia-ficción) daban importancia a la ambientación para recrear la atmosféra, para hacer creíble unos decorados increíbles, para hacer cinematográfico, dinámico lo artificial y teatral. Más o menos como Almodóvar.

Si en The Lineup (The Lineup, 1958) Eli Wallach asesinara al hombre de la silla de ruedas de una forma más convencional, más aburrida por ende, la escena no habría tenido tanto impacto. Sin embargo Don Siegel ambienta la secuencia en un Ice Skating (una pista de patinaje sobre hielo) y la escena tiene mucho más interés, aunque sólo sea porque el decorado y todo lo que estéticamente nos ofrece es más interesante.

Quizás fue eso lo que llevó a Merian C. Cooper a obligar a King Kong a trepar por el Empire State Building. Puede ser un punto a favor para la "fotografía" para la información visual semi-subliminal acerca de los ladrones en Mercado de ladrones (Thieve's Highway, 1949) que la película suceda en un mercado, esos lugares fascinantes llenos de movimiento y vida. Sin duda un buen set donde desarrollar una escena emocionante o violenta. El ruido y la furia.
Ya dijo Coppola cuando rodaba El Padrino III (The Godfather, Part III, 1990) que en la escena en la que un personaje asesina a otro en su despacho, el asesino había sido cacheado por varios guardaespaldas así que necesitaba utilizar algo que hubiera en el despacho (¡un bolígrafo! dirá el joven guionista avispado, bueno, a ver, sí...) en vez de escoger el bolígrafo Coppola nos muestra a un asesino que mata con la patilla de las gafas de pasta que lleva el asesinado. Ese simple gesto mejora la escena, de nuevo, el valor estético...
Y Almodóvar sabe de ello. En su fantástica filmografía encontramos algunas películas irregulares que, a pesar de todos los fallos, siguen teniendo su encanto, cosa que consigue gracias a... exacto, al valor estético, a la elegancia en la puesta en escena, al buen gusto a la hora de componer un plano y de vestir la secuencia con el papel pintado adecuado y el carmín más vistoso. Un ejemplo de esto lo tienen en La ley del deseo, donde escenas de Eusebio Poncela escribiendo a máquina se convierten en (¿experimentales, absurdos, geniales?) planos únicos, con gusto, agradables para la vista y por tanto acaparadores de nuestra atención. Aunque sólo sea un tío escribiendo a máquina.
Otro ejemplo lo encontramos al principio de Tacones lejanos cuando Victoria Abril espera a su madre en el aeropuerto mientras va teniendo flashbacks... en cualquier película tendríamos a una tía sentada en el aeropuerto con la mirada perdida. Almodóvar nos presenta a una mujer perdida que cruza los planos de aquí allá buscando en las caras borrosas de los extras el rostro de su madre. Y si se sienta lo hace junto a un ventanal en el que vemos, en medio un pase de cebra que es perpendicular a una fila de sillas rojas donde Victoria Abril (enlutada de rojo) se sienta para que los flashbacks no se le escapen.
¡Qué teatral! ¡Qué falso! ¡Qué cinematográfico!
Rossellinni se revolvería en su tumba...